La noche de mi cuerpo
Veo el rostro de mi madre llorando
reflejado en el suelo.
Me he asomado a la ventana
y me he vuelto lluvia que cae sobre la ciudad insomne.
De noche pierdo por completo la noción de mi cuerpo y,
poco a poco,
me incorporo a este paraíso de los idiotas.
La calle tiene un extraño color de gato nocturno
que casi no me deja reconocer mis manos
mezcladas con la niebla.
Estiro los brazos por encima de los laberintos de hormigón
con el mismo vuelo que alzan los días sobre los recuerdos.
El tiempo se despereza en esta noche
que es la noche de mi cuerpo sobre la tierra mojada.
Las aguas dormidas recorren los caminos de plata,
caen a raudales,
inundando ciudades que sueñan.
Paseo dentro de una bola de cristal
que guarda la nieve del invierno olvidado
y pongo nombre a las estancias durmientes
sobre las que pasaré.
Ya no tendré frío nunca más,
aunque la nieve cubra mi cuerpo,
porque vendrá el día cuando mi carne lo pida.